Saturday, December 29, 2007

ENTREVISTA A LEONARDO BOFF

Entrevista a Leonardo Boff, Teólogo de la liberación.

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Leonardo Boff, teólogo de la liberación, brasileño de 66 años, fue una de las voces a las que el pontificado de Juan Pablo II obligó al silencio tras un proceso dirigido por el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Boff suele decir que la verdadera teóloga de la familia fue su madre -una mujer pobre capaz de conseguir que sus 10 hijos estudiaran y que se maravillaba de que los teólogos eclesiásticos no vieran a Dios, cuando ella, analfabeta, sí lo veía-. Franciscano, autor de más de 40 libros, dejó los hábitos del sacerdocio, pero no la Iglesia. Ha sido y sigue siendo una voz fundamental entre los pobres; una voz disidente que afirma que el nuevo Papa debería "tener más fe", en contraposición al miedo.

Pregunta. Usted es uno de los 140 teólogos castigados durante el pontificado de Karol Wojtyla y fue procesado por el cardenal Ratzinger, de quien se habla como papable. ¿Qué siente?

Respuesta. No siento amargura. Ni siquiera una herida en el alma. Lamento las condenas a los teólogos de la liberación porque son personas que han elegido la senda más difícil: caminar con los pobres; entrar en su mundo miserable y compartir dolores y esperanzas porque este pueblo es pobre y cristiano a la vez. El camino es hacer del capital ético y espiritual de la fe una fuerza movilizadora contra la opresión y un motivo de liberación.

P. ¿Qué significa haber sido perseguido como teólogo? R. Ser perseguido por mantener este compromiso resulta escandaloso, y para los pobres, incomprensible. Revela lo mucho que la Iglesia institucional está alejada del sufrimiento de los pobres. Cuando habla de ellos es casi siempre desde una perspectiva teórica. Cuando alguien escucha y asume lo que esta iglesia enseña debe contar con la oposición o la condena de la Iglesia oficial con el pretexto de no politizar o ideologizar la fe. Si una Iglesia no escucha a los pobres, no tiene nada que decir a Dios y se aleja de Jesús.

P. Si pudiera votar en el cónclave, ¿a quién elegiría?

R. No votaría por ninguno de los cardenales electores. A mi juicio, no hay entre ellos grandes pastores o profetas que la Iglesia necesita en este momento. Me inclinaría más por alguno de los cardenales ancianos que no pueden votar, pero que pueden ser votados. Necesariamente será un papa de transición que tendrá la función de recuperar las instituciones del Vaticano II y el valor de las iglesias locales.

P. ¿Algún nombre?

R. Mi nombre sería el cardenal Aloysio Lorscheider, brasileño, que casi fue papa antes de la elección de Juan Pablo I. Lorscheider es un hombre que nunca traicionó su conciencia, siempre estuvo abierto a los pobres. O el cardenal Carlo Martini, jesuita y biblista. Ambos son pastores, teólogos y amigos de los amigos de los pobres, es decir, de los teólogos de la liberación.

P. ¿Llegará el día en que sean los obispos los que elijan papa?

R. Ojalá fueran los representantes de toda la cristiandad, incluso muchas mujeres, los que eligieran al papa, el verdadero animador de la fe y de la esperanza de toda la Iglesia. No hay objeción dogmática alguna que lo impida. Pero hay que superar la mentalidad patriarcal que rige en la Iglesia. Esto sería una señal de que la Iglesia se moderniza y camina con la historia en su mejor versión, que es el espíritu democrático y la voluntad de ser ciudadano activo y no un consumidor pasivo de bienes religiosos.

P. Si el nuevo papa le preguntara por dónde debe comenzar su trabajo, ¿qué le aconsejaría?

R. Le diría: empiece escuchando a las personas de los distintos estamentos de la sociedad, sobre todo a los que llamamos pueblo. Ellos saben de la vida, de sus problemas y sus esperanzas. Y después organice instancias colegiales con representantes de toda la comunidad cristiana, desde las mujeres hasta los cardenales, para presentar un proyecto de Iglesia que esté a la altura de los verdaderos problemas. Y deje que las iglesias continentales, nacionales y locales lo lleven a cabo respetando las singularidades de cada cultura. Así emergería una Iglesia convertida en una inmensa red de comunidades cristianas encarnadas en las distintas realidades sociales.

P. ¿Y qué le quedaría al papa?

R. Le quedaría lo que es y lo que tiene que ser: el gran animador que va por el mundo realizando su misión evangélica. Nada más. El papa debería dejar de ser el jefe de un Estado, un poder temporal, para poder ejercer su primado espiritual de comunión.

P. Los cardenales dicen que el nuevo papa debería ser "santo", que debería "amar a los pobres". ¿Qué significa ese lenguaje?

R. Es el lenguaje de la mala conciencia. Se dan cuenta de lo lejos que está la Iglesia oficial de estas realidades. Es la retórica eclesiástica que vive de fórmulas bonitas para sustituir los compromisos reales y seguir manteniendo la estructura elitista y piramidal de la galaxia eclesial.

P. Hay quien desea un papa latinoamericano o un papa africano o asiático. ¿Cree que un pontífice del Tercer Mundo sería menos conservador que muchos de los europeos?

R. El problema no es de geografía, sino de mentalidad. La mayoría de los africanos son más romanos que los propios romanos. Igual sucede con un gran número de los latinoamericanos. Pueden existir cardenales europeos que tienen una visión de la humanidad y de la necesidad de otro tipo de discurso y de otra forma de organizar la Iglesia como los europeos Carlo Martini o, en menor medida, Walter Kasper, alemán, que trabaja en la curia y que piensa de manera muy diferente a su colega Ratzinger.

P. Ha dicho antes que el próximo papa debería tener más fe. ¿No resulta demasiado duro?

R. Lo que se opone a la fe no es la negación de Dios o el ateísmo. Bíblicamente, lo que se opone a la fe es el miedo.

P. ¿Cree que hay mucho miedo en Roma?

R. Lo que se da en Roma, sobre todo en la curia, es miedo. Miedo a los laicos, mucho miedo a las mujeres, miedo a los pobres y al Tercer Mundo, miedo al pensamiento crítico y libre, miedo a que las otras religiones puedan crecer más que el cristianismo y no sé cuántos miedos más.

P. ¿Qué significa este miedo?

R. Significa que no creen en el Espíritu, que no creen en la irradiación del evangelio y en la fuerza intrínseca de la verdad. Tener fe es comprender que Dios, el Espíritu y el Resucitado actúan en la historia y en la vida de las personas directamente, sin tener que pasar por la mediación de la Iglesia. Muchos eclesiásticos creen que Cristo es el único camino hacia el cielo y que la Iglesia es el peaje sin el cual no se alcanza el cielo. Esto es ausencia de fe justo en aquellos que tienen la misión de confirmar a los hermanos y hermanas en la fe.

P. ¿Tiene esperanzas de que el cónclave pueda reservar alguna sorpresa, como ocurrió con Juan XXIII, o será una simple continuación del papado wojtyliano?

R. No creo en la continuidad de lo mismo. Bajo este largo pontificado muchos han sufrido; hay amarguras y divisiones. Generalmente, la sabiduría política de los cardenales permite que se introduzcan ciertos cambios. La primera tarea de un pontífice es pacificar y garantizar lo que la Iglesia católica más anhela: la unidad. Espero que venga un papa pastor y no un doctrinario, un papa que desromanice a la Iglesia reforzando las iglesias locales y su diálogo entre las culturas.

P. ¿Cuál es la verdadera herencia de Jesucristo si se la despoja de todos sus oropeles políticos y mercantilísticos?

R. La gran herencia de Jesús, que es buena no solamente para los cristianos, sino para todos, es el ofrecimiento de un sentido vital, de solidaridad y de compasión a la humanidad entera para que se libre de sus miedos. Todo lo demás es mentira.


Monday, December 24, 2007

SUIZA EL EJEMPLO


Donde los niños y las armas se entremezclan
10/6/1999
Stephen P. Halbrook
The Wall Street Journal

Es un lugar común afirmar que los Estados Unidos son mucho más violentos que Europa occidental debido a que los estadounidenses tienen un fácil acceso a las armas. Eso también es falso.

Para enterarnos por qué, visitemos Suiza. Si viaja por ese país en automóvil o por tren, verá polígonos de tiro por todas partes. Si hay un Schuetzenfest (festival de tiro) en la ciudad, encontrará rifles enfundados en los restaurantes, y verá a hombres y mujeres de todas las edades caminando, andando en bicicleta y tomando el tren con los rifles sobre sus hombros, hacia y desde el polígono. Ellos pasan frente a la estación de policía y nadie se inmuta.

Suiza tiene más poder de fuego por persona que cualquier otro país en el mundo, y no obstante ello, es uno de los lugares más seguros del planeta para vivir.

La Oficina de la Policía Federal Suiza informa que en 1997 hubo 87 homicidios intencionales y 102 intentos de homicidio en todo el país. De esos 189 homicidios e intentos, 91 tuvieron que ver con armas de fuego. Con una población de siete millones (incluidos 1,2 millones de extranjeros), Suiza tenía una tasa de homicidios de 1,2 cada 100.000 habitantes.

Tuvieron lugar 2.498 robos e intentos de robo, de los cuales 546 se cometieron con armas de fuego resultando en un índice de robos de 36 cada 100.000 habitantes. Casi la mitad de estos crímenes fueron cometidos por extranjeros no-residentes, a quienes los locales llaman los “turistas criminales.” En el año 1993, ni un solo robo con armas fue informado en Ginebra.

En contraste, Gran Bretaña, que tiene leyes estrictas sobre el control de armas, tuvo una tasa de homicidios en 1994 de 1,4 cada 100.000 habitantes, y un índice de robos de 116 por cada 100.000 habitantes.

En la estela de la masacre escolar de Littleton, Colorado, el Congreso está apurándose por sancionar nuevas medidas sobre el control de armas; la Cámara de Representantes tratará la próxima semana la legislación propuesta que ya ha sido sancionada por el Senado.

Pero no han habido masacres escolares en Suiza, donde las armas y los niños se entremezclan libremente. En los torneos de tiro, infinidad de bicicletas están estacionadas afuera del recinto donde el mismo tiene lugar. Dentro del polígono de tiro, los competidores pagan a niños de 12 años para que se encarguen de llevar el conteo de los tantos. Niños de dieciséis disparan rifles junto a hombres y mujeres de todas las edades. Un folleto turístico en Zurich recomienda el Knabenschiessen de septiembre (certamen de tiro para niños): “La más antigua tradición de Zurich ... consiste en un certamen de tiro en el Albisguetli (polígono de tiro) para niños y niñas de 12 a 16 años y una colorida feria de diversión de tres días de duración.”

Mientras que muchos disparan por deporte, a todos los varones entre los 20 y los 42 años se les exige tener rifles o pistolas en su casa. Las armerías abundan. Sin embargo, las armas de fuego rara vez son empleadas para cometer un crimen. En los Estados Unidos, a las armas de fuego se les concede una siniestra reputación desde los programas nocturnos de noticias y las películas violentas.

Pero en Suiza, las armas de fuego simbolizan una saludable actividad comunitaria. Y desde su fundación en 1291, Suiza ha dependido de un pueblo armado para su defensa. Guillermo Tell utilizaba una ballesta no solamente para dispararle a la manzana colocada sobre la cabeza de su hijo, sino también para matar al tirano Gessler. Durante siglos, la república cantonal derrotó a los ejércitos poderosos de los monarcas europeos. “Los suizos se encuentran bien pertrechados y disfrutan de una gran libertad,” escribía Maquiavelo en 1532.

El modelo de la milicia suiza inspiró a los colonos rebeldes estadounidenses. John Adams elogió a los democráticos cantones suizos, donde cada hombre estaba facultado para votar acerca de las leyes y para portar armas. Patrick Henry alababa a Suiza por mantener su independencia sin un “Presidente poderoso y espléndido” o un ejército permanente. La influencia suiza es clara en la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, la cual provee que: “Una milicia bien regulada, que resulta necesaria para la seguridad de un estado libre, y el derecho del pueblo a poseer y portar armas, no deberán ser infringidos.”

Pueden haber habido muchas razones por las cuales los Nazis no invadieron Suiza, pero una de esas razones es la de que cada hombre suizo tenía un rifle en su casa. Sobre esto no tenemos un mejor antecedente que los propios planes de la invasión Nazi, los cuales destacaban que, debido a las habilidades de tiro de los suizos, Suiza sería difícil de conquistar y de pacificar. Los países europeos ocupados por los Nazis tenían estrictos controles de armas antes de la guerra, y las listas del registro de las mismas facilitaron la confiscación de las armas de fuego.

Tradicionalmente, los cantones suizos han tenido pocas reglamentaciones sobre las armas de fuego, y la primera ley federal sobre el particular fue recientemente promulgada. Ciertas compras de armas de fuego requieren de un permiso, pero otras no. Al retirarse, todo soldado debe conservar su rifle o pistola. Y cualquier ciudadano suizo puede adquirir sobrantes de rifles militares de asalto.

¿Por qué la tan bien pertrechada Suiza está tan libre de crímenes? La clave es la actitud. Las poblaciones con un fuerte sentido de la virtud cívica no experimentan masacres sensacionales o altos índices de criminalidad. Por el contrario, los ciudadanos armados disuaden el crimen. La “cultura de las armas” legales de los Estados Unidos es tan pacifica como lo es la Suiza. Tristemente, algunas sub culturas de los Estados Unidos no lo son.

Traducido por Gabriel Gasave